martes, 5 de mayo de 2009

Felices Pascuas

Extraño a mi primas. Y más en este momento, en el cual nuestras vidas convergen y tenemos tanto que compartir. Estaría mintiendo si digo que no guardo, en el fondo de mi corazón, una esperanza de que en un futuro cercano volverán. Una desde el Norte, la otra desde el Sur.

Sin ellas (y sus hijos), Juana se entretiene con sus primas maternas. Sobretodo con Laurita, torpedo humano, pulga inquieta, lobo en piel de lobo.

No hace mucho estuvimos con los Sacerdoti, haciendo de dummies para sus recetas culinarias. Cocinó Sole, el postre lo hizo Renato. "Muy rico todo, divino el perro, amoroso tu marido", diría una señora de barrio. Suscribimos.

Terminando de comer, Sole le regaló a Juani un huevo de Pascuas. Contenta, nuestra hija se lo muestra a Flor, al grito de "¡Mami, un huevo de Pascuas".

- Juani, ¿a vos no te dolía la panza?
- Si mami.

Era cierto, en el viaje previo, Juana se quejaba de que le dolía la pancita. Ni idea que sería, pero ella se quejaba.

Regresó con Laura, a quién le comentó lo sucedido, no sin un dejo de desilusión. 

- No lo puedo comer porque me duele la panza.

Su madre, como buena idem, no quiso ver a su hija triste.

- Juana, ¿querés que te lo guarde para cuando ya no te duela?

Pero una González Pita no se da por vencida tan facilmente. No pasaron 10 segundos, que regresó con Flor. La miró, pensó, no estaba demasiado convencida de lo que iba a decir, pero sabía que no perdía nada intentándolo.

- Mami, ya no me duele más la panza.

(¡Aleyuya hermana! ¡Te has curado! ¡Es un milagro del Señor!)

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