
Era un día complicado, había corrido de aca para alla desde la mañana.
Había llegado la tarde. Teniamos turno a las 17 hs con el Dr. López y nos encontrabamos con el Negro en la puerta del consultorio. Todos estabamos un poco nerviosos porque el cirujano nos iba a confirmar el éxito de la operación.
El trafico en capital era un desastre, y en barrio norte era peor todavía. Pueyrredón con su nueva doble mano no ayudaba a la circulación de los autos. Estabamos en la avenida sin poder avanzar y el reloj indicaba que ya era la hora.
Juana venía en su sillita mirando por la ventana, de vez en cuando repetía en automático: "me quiero bajar".
Cada minuto que pasaba y mi auto no avanzaba era un grado mas de histeria que se sumaba a mi ser. Me olvidé de Juana y empecé a hablar sola: "por qué??? no puede ser! Odio los autos. Voy a llorar". En ese momento Juana me interrumpe y yo registro su presencia.
- ¿Vas a llorar Mami?
- No Juani, es una manera de decir
- ¿Qué pasa Mami?
- Que hay muchos autos y no podemos llegar al doctor
Piensa un segundo, se asoma por el costado del asiento para poder mirar mejor hacia adelante y grita:
- ¡¡¡Autos, dejen pasar a Mami!!!

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