Casi 2 meses pasaron de nuestra última historia. Créanme que valió la pena. Difícil encontrar el punto de partida, podemos empezar hablando de tecnología, hacer hincapié en el consumo o simplemente recostarnos y disfrutar. Disfrutar de nuestros hijos, la razón por la cual nuestra vida se transforma en un satélite que simplemente gira alrededor de ellos.
Crecen, a espaldas nuestras, en lugares que uno ni se imagina que lo pueden hacer. Absorben, son esponjas que escriben, graban y repiten todo lo que ven y oyen, sin dejar de procesar y luego sacar conclusiones propias, las cuáles muchas veces tienen tanta lógica que nos dejan pensando.
"Quiero los penguin" me dice Juana. Qué sé yo de qué me habla, entro a Google, escribo penguin games y listo, jugá un rato. Así estuve como una semana, hasta que Flor me avivó que los penguin eran en realidad "Club Penguin", un site de Disney en el cuál cada chico crea su propio pingüinito y lo hace jugar, junto con otros tantos que están online en ese momento.
Comenzó Juani su odisea en ese mundo nuevo. Su pingüina, rosa obviamente, de nombre RositaGP, camina de aquí para allá en el barrio. Miro atento la escena y voy al rescate cuando nuestra rosada amiga no responde a los comandos de Juana. Entramos a una veterinaria y es ahí dónde está la papota: los chicos se pueden "comprar" mascotas y accesorio para ellas. Y cuando digo comprar, es real, ya que para poder elegir ciertas cosas, tenés que tener una membresía. Sí, garpar, gatillar, oblar, poniendo estaba la gansa, cash, efeté, la nena me funde, decime qué hago.
Claro, después pregunté a mis amigos y resulta que éstos Penguin son lo top del fashion, todos los chicos tienen uno y con los puntos que vas juntando, después te podés comprar remeras, gorras, mochilas y todos los etcéteras que le venden a nuestros hijos, quienes ya no necesitan llorar para que papá compre, sino que papá compra vaya a saber uno porqué.
- Papi, quiero comprar esa mascota
- A ver... No, Juani, no se puede, para eso hay que pagar.
- Bueno.
Si hay algo que tiene Juana es que es obediente y entiende perfecto cuando algo no se puede.
24hs más tarde.
- Mami, quiero comprar esa mascota
- Hmmmmm... cómo es esto... ehhh... no, a ver por acá. Ah, no Juani, para esto hay que pagar.
Ya deja de ser obediente y empieza a ser un bicho que ataca a un padre distinto por vez a ver si así funciona.
Otras 24hs más tarde.
- Mamaaaaaaaaaaaaá, veniiiiiiiiiiiiiiií
- Puf, Juani, ¿qué pasó?
- Mami, ¡quiero comprar esta mascota!
- Gorda, ya te explicamos que no se puede, que para esa hay que pagar.
- ¡Pero yo ya pagué!
- ¿Cómo que ya pagaste? ¿Cómo?
En ese momento señala Juani la compu y le empieza a contar a Flor cómo ella agarró todas sus monedas que tenía guardadas y las fue metiendo, una por una, en la ranura de la diskettera.
(Explicame ahora cómo hacés para no comprarle la membresía platinum de los Penguin) Seguir leyendo!
