Hay cosas que no termino de entender. Nunca, pero nunca, Juana se quemó con fuego. Sin embargo, ella sabe que el fuego quema, que no hay que tocarlo. ¿Que loco, no? ¿Cuántas cosas más asumirá por el simple hecho de que se las dijimos nosotros?
Será por eso que el sábado en lo de Sol, miraba y miraba las velas, pero ni se le ocurría tocarlas. Ella solo las miraba hasta que decidía que era suficiente y las soplaba. La llamaba a Flor, le pedía que las encienda, y así sucesivamente. De más está decir que llega un momento en que no podés más, tanta repetición te lima de a poco.
Pero, allí fue Sol, a prender las velas. No contenta, quiso darle charla a nuestra hija.
- Juani, ¿me contás del Jardín? ¿Cómo se llaman tus compañeros? ¿Y tus maestras?
La señorita ni se inmutaba. Miraba las velas, la miraba a Sol, volvía sobre las velas, Sol, velas, Sol, velas. Pero ni una palabra.
- Juani, ¿no me querés contar?
Mirola nuevamente a Sol. Esta vez, le clavó la mirada. Sutil, pero enérgica. Irónica, pero a la vez cordial.
- ¿Por qué no vas a hablar con Mamá?
(y me dejás de molestar)
Seguir leyendo!
domingo, 29 de marzo de 2009
martes, 24 de marzo de 2009
¡Help!
El otro día hacíamos cuentas con Martín y Pablo y llegamos a la conclusión que Juana lleva usados unos 3600 pañales en su 900 días de vida, a un promedio de 4 diario (Gracias abuela por tanta generosidad).
¿Ustedes creen que yo no cambié al menos 50 de esos pañales? Yo estoy absolutamente seguro que si, mi mujer me lo niega rotundamente. Podríamos estar años y años discutiendo la cuadratura del círculo o cuántos pares son tres botas pero no es ese nuestro objetivo.
Habrán visto que nuestra hija ya es una muchachita hecha y derecha, capaz de realizar transacciones comerciales y asistir en la cocina. También sabe perfectamente cuando ir al baño, aunque con la caca tenemos un pequeño inconveniente: no quiere hacer en el inodoro. El procedimiento es el mismo que si fuese, aunque la frase que pronuncia es "Mami, ¿me ponés un pañal que quiero hacer caca?".
Pobre mi Juani, lleva algunos días enfermita, lo que la hizo tener caca un poco más floja que de costumbre. Flor la estaba cambiando cuando se dió una situación bastante particular.
- ¡Negroooo, vení, ayudame con la caca!
Hacia allí me dirigí, resoplando y refunfuñando, que cosa más fea la caca, por más que sea de Juana que me importa, la caca es caca y caca siempre será.
Allí estaba yo, atónito. La cola embadurnada, Juana con las rodillas en la oreja, Flor luchando contra el desborde.
- ¡Negro, ayudame! - otra vez la súplica. Se ve que mi actitud no era la más colaborativa. La cara de Flor lo decía todo, su temperatura subía, el enojo no disminuía. Mi hija, ya molesta e incómoda por la situación, eligió interceder a favor de su madre (otra más, y van...)
- ¡Papá, ayudálaaaa! Seguir leyendo!
¿Ustedes creen que yo no cambié al menos 50 de esos pañales? Yo estoy absolutamente seguro que si, mi mujer me lo niega rotundamente. Podríamos estar años y años discutiendo la cuadratura del círculo o cuántos pares son tres botas pero no es ese nuestro objetivo.
Habrán visto que nuestra hija ya es una muchachita hecha y derecha, capaz de realizar transacciones comerciales y asistir en la cocina. También sabe perfectamente cuando ir al baño, aunque con la caca tenemos un pequeño inconveniente: no quiere hacer en el inodoro. El procedimiento es el mismo que si fuese, aunque la frase que pronuncia es "Mami, ¿me ponés un pañal que quiero hacer caca?".
Pobre mi Juani, lleva algunos días enfermita, lo que la hizo tener caca un poco más floja que de costumbre. Flor la estaba cambiando cuando se dió una situación bastante particular.
- ¡Negroooo, vení, ayudame con la caca!
Hacia allí me dirigí, resoplando y refunfuñando, que cosa más fea la caca, por más que sea de Juana que me importa, la caca es caca y caca siempre será.
Allí estaba yo, atónito. La cola embadurnada, Juana con las rodillas en la oreja, Flor luchando contra el desborde.
- ¡Negro, ayudame! - otra vez la súplica. Se ve que mi actitud no era la más colaborativa. La cara de Flor lo decía todo, su temperatura subía, el enojo no disminuía. Mi hija, ya molesta e incómoda por la situación, eligió interceder a favor de su madre (otra más, y van...)
- ¡Papá, ayudálaaaa! Seguir leyendo!
jueves, 19 de marzo de 2009
Una cosa es una cosa
Un clásico de mi primogénita es querer sentarse en la mesada mientras su madre o yo cocinamos. "Quiero subir" es la frase que la catapulta a las alturas, a ese lugar en dónde todo se ve distinto. Allí, donde Antonia y Catalina hurgan con sus hocicos, deseosas de comer algo más que ese alimento balanceado que tanto las aburre.
En una de esas excursiones, yo estaba compenetrado en mi rol de Juanita, no mi hija, sino aquella ladera de Doña Petrona, personaje mitológico de la cocina vernácula. Mi función era simple: picar el pimiento que luego sería parte de una tarta de atún.
- ¿Papi, que hacés?
- Estoy cortando el pimiento
- ¡No Papi, se llama morrón!
¡Andaaaaaaaaaaaaaa! Seguir leyendo!
En una de esas excursiones, yo estaba compenetrado en mi rol de Juanita, no mi hija, sino aquella ladera de Doña Petrona, personaje mitológico de la cocina vernácula. Mi función era simple: picar el pimiento que luego sería parte de una tarta de atún.
- ¿Papi, que hacés?
- Estoy cortando el pimiento
- ¡No Papi, se llama morrón!
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Capitalismo
Quiero, Quiero, Quiero. No podría decir que entramos en esa etapa, pero no debemos estar muy lejos tampoco.
Cuenta la leyenda que el padre de Juana, era uno de esos nenes quierotodoculoveoculoquiero, además de preguntón, quilombero, hiperquinético y jeringa. Por el momento, mi hija es más parecida a su madre: tranquila, dulce, sensible.
En la plaza, Juana disfruta como nunca. Aprovecho para reforzar el concepto de que la plaza es como Disneylandia pero cerca de casa, en pesos, sin olor a comida chatarra y para ir no necesitás visa.
En una de nuestras excursiones, se acerca nuestra hija y nos hace un clásico pedido de "Quiero...". La miré a Flor y me volví sobre Juana. Un par de instrucciones precisas y hacia allí fue, presurosa y segura.
Se acercó a una distancia prudencial, lo suficientemente cerca para poder ser escuchada. Juntó fuerzas, sabía que tenía un desafío por delante y estaba decidida a enfrentarlo, pero a su vez el terror la invadía. Al fin y al cabo, su interlocutor era un total desconocido y eso era quizás, el mayor obstáculo. Sin embargo, valía la pena el esfuerzo, la recompensa era demasiado buena como para no hacer al menos un intento.
Lo miró a los ojos, trató de recordar exactamente las palabras que le había dicho su padre. Levantó el tono de voz y dijo firmemente:
- Quiero un Torpedo de frutilla. Seguir leyendo!
Cuenta la leyenda que el padre de Juana, era uno de esos nenes quierotodoculoveoculoquiero, además de preguntón, quilombero, hiperquinético y jeringa. Por el momento, mi hija es más parecida a su madre: tranquila, dulce, sensible.
En la plaza, Juana disfruta como nunca. Aprovecho para reforzar el concepto de que la plaza es como Disneylandia pero cerca de casa, en pesos, sin olor a comida chatarra y para ir no necesitás visa.
En una de nuestras excursiones, se acerca nuestra hija y nos hace un clásico pedido de "Quiero...". La miré a Flor y me volví sobre Juana. Un par de instrucciones precisas y hacia allí fue, presurosa y segura.
Se acercó a una distancia prudencial, lo suficientemente cerca para poder ser escuchada. Juntó fuerzas, sabía que tenía un desafío por delante y estaba decidida a enfrentarlo, pero a su vez el terror la invadía. Al fin y al cabo, su interlocutor era un total desconocido y eso era quizás, el mayor obstáculo. Sin embargo, valía la pena el esfuerzo, la recompensa era demasiado buena como para no hacer al menos un intento.
Lo miró a los ojos, trató de recordar exactamente las palabras que le había dicho su padre. Levantó el tono de voz y dijo firmemente:
- Quiero un Torpedo de frutilla. Seguir leyendo!
lunes, 16 de marzo de 2009
¡Como te lo tengo que decir!
Creo que una de las situaciones más desesperantes que pasamos junto a Flor fue la inundación en enero de 2004. Estábamos viviendo en la casa de Lorena, en Thames y Niceto, cuando se largo un diluvio de aquéllos, esas lluvias en las cuáles Blanco Encalada parece Venecia y el clásico de los "noticiosos" es la gente caminando con el agua hasta la cintura.
Esa noche, llovía tanto pero tanto pero tanto, que el agua entraba por todos los wines: por la puerta, por las ventanas, por el patio, por las rejillas... Esto último fue lo peor, ya que al llenarse las alcantarillas y los desagües, todo lo que se encontraba dentro de ellas, tenía que salir. Me estoy refiriendo a las cucarachas. Si, imaginénse que por la rejilla de su patio comienzan a entrar cucacarachas a borbotones, como esas películas yanquis en las cuales te atacan las abejas, bueno, eso mismo... que desesperación.
El otro día llovió tanto que, en casa, donde tenemos los pluviales tapados (por las raíces de los árboles), el agua empezó a entrar por el ventanal del family. Yo, para variar, estaba "trabajando en el avión", como lo definiría mi hija mayor.
Flor, en su afán de atajar el agua, gritaba y gritaba. Juani en el medio, no sabía para adónde arrancar. Ella veía a su mamá desesperada, la quería ayudar de cualquier manera. Agarró diferentes elementos para despejar el agua, pero ninguno ayudaba, es más, todos se interponían entre Florencia y el agua.
- ¡Juana! ¡Quedate sentada y no hagas más nada!
Obedeció, como siempre hace. Miraba atónita la situación, impotente. Hasta que decidió actuar:
- ¡Lluvia, dejá de llover! Seguir leyendo!
Esa noche, llovía tanto pero tanto pero tanto, que el agua entraba por todos los wines: por la puerta, por las ventanas, por el patio, por las rejillas... Esto último fue lo peor, ya que al llenarse las alcantarillas y los desagües, todo lo que se encontraba dentro de ellas, tenía que salir. Me estoy refiriendo a las cucarachas. Si, imaginénse que por la rejilla de su patio comienzan a entrar cucacarachas a borbotones, como esas películas yanquis en las cuales te atacan las abejas, bueno, eso mismo... que desesperación.
El otro día llovió tanto que, en casa, donde tenemos los pluviales tapados (por las raíces de los árboles), el agua empezó a entrar por el ventanal del family. Yo, para variar, estaba "trabajando en el avión", como lo definiría mi hija mayor.
Flor, en su afán de atajar el agua, gritaba y gritaba. Juani en el medio, no sabía para adónde arrancar. Ella veía a su mamá desesperada, la quería ayudar de cualquier manera. Agarró diferentes elementos para despejar el agua, pero ninguno ayudaba, es más, todos se interponían entre Florencia y el agua.
- ¡Juana! ¡Quedate sentada y no hagas más nada!
Obedeció, como siempre hace. Miraba atónita la situación, impotente. Hasta que decidió actuar:
- ¡Lluvia, dejá de llover! Seguir leyendo!
viernes, 13 de marzo de 2009
Negro no te vayas, Negro veni
Juan Martin viaja por trabajo a distintos lugares del mundo. Nuestra rutina no cambia mucho, pero cuando llega la noche la ausencia del hombre de la casa se siente.
Esta vez el destino del viaje fue Brasil, nos quedamos solas por 5 días.
Hoy es la primera noche sin el Negro en casa. La acuesto a Juana temprano y disfruto del silencio y la paz que hay alrededor. Miro el reloj para chequear que la alarma del despertador esté activada, cierro los ojos y me duermo profundamente.
A las 5 de la mañana la voz de Juana me despierta: "Mamá...mamá...mamáaaa". La voy a buscar y la llevo a mi cama. Hoy hay mas espacio y yo necesito seguir durmiendo.
Juana se queda callada unos segundos y en seguida pregunta:
- Mamá: por qué Papá no vino a dormir?
- Porque esta trabajando en un lugar que queda lejos.
- Y por qué Papá trabaja en el avión?
- No Juani, Papá no trabaja en el avión sino que viaja en avión a los lugares que están muy lejos.
- Ah...y por qué Papá trabaja en otro lugar, y otro lugar, y otro lugar?
- Porque va a visitar a señores con los que tiene reuniones.
- Pero yo lo queria invitar a dormir aca con nosotras! Seguir leyendo!
Esta vez el destino del viaje fue Brasil, nos quedamos solas por 5 días.
Hoy es la primera noche sin el Negro en casa. La acuesto a Juana temprano y disfruto del silencio y la paz que hay alrededor. Miro el reloj para chequear que la alarma del despertador esté activada, cierro los ojos y me duermo profundamente.
A las 5 de la mañana la voz de Juana me despierta: "Mamá...mamá...mamáaaa". La voy a buscar y la llevo a mi cama. Hoy hay mas espacio y yo necesito seguir durmiendo.
Juana se queda callada unos segundos y en seguida pregunta:
- Mamá: por qué Papá no vino a dormir?
- Porque esta trabajando en un lugar que queda lejos.
- Y por qué Papá trabaja en el avión?
- No Juani, Papá no trabaja en el avión sino que viaja en avión a los lugares que están muy lejos.
- Ah...y por qué Papá trabaja en otro lugar, y otro lugar, y otro lugar?
- Porque va a visitar a señores con los que tiene reuniones.
- Pero yo lo queria invitar a dormir aca con nosotras! Seguir leyendo!
lunes, 9 de marzo de 2009
El misterio de la Coca Cola
"La Coca-Cola fue creada en 1885 por John Pemberton en la farmacia Jacobs de la ciudad de Atlanta, Georgia. Con una mezcla de hojas de coca y semillas de cola quiso crear un remedio, que comenzó siendo comercializado como una medicina que alivia el dolor de cabeza y disimula las náuseas, luego fue vendida en su farmacia como un remedio que calmaba la sed, a 5 centavos el vaso. Frank Robinson le puso el nombre de Coca-Cola, y con su caligrafía diseñó el logo actual de la marca." (Fuente: Wikipedia)"
Todos tenemos nuestra relación particular con la Coca-Cola. Algunos nos gusta Light, otros Zero (¿cuál es la diferencia? ¿importa la diferencia?). Ultraconservadores ellos, cuesta encontrar gente de 30 para arriba que siga consumiendo la "Coca Común". Creo que todos estamos de acuerdo en que no es la misma que cuando éramos chicos, aquella gloriosa Coca De Litro que fría era un placer de los dioses.
Siendo niños, en casa, solíamos tomar Coca sólo los fines de semana, prohibición clásica y cliché de la clase media ochentosa argentina. A medida que fuimos creciendo, nos hicimos adictos. Con un sandwich, con alfajores, con medialunas, sola, en el cine, en la cama, con chizitos, después del fulbito, en Pumper, en la costanera, con Ron, con hielo, sin hielo, sin gas, con Fernet.
Y cuando sos papá te decís a vos mismo: "Mis hijos no van a tomar Coca". Hacés todo lo posible para que así sea, pero misteriosamente, una voz oculta logra, silenciosamente, hacerles llegar la palabra mágica...
Sentados a la mesa, ravioles de por medio.
- ¿Juani, querés agua o jugo?
- ¡Quiero Coca! Seguir leyendo!
Todos tenemos nuestra relación particular con la Coca-Cola. Algunos nos gusta Light, otros Zero (¿cuál es la diferencia? ¿importa la diferencia?). Ultraconservadores ellos, cuesta encontrar gente de 30 para arriba que siga consumiendo la "Coca Común". Creo que todos estamos de acuerdo en que no es la misma que cuando éramos chicos, aquella gloriosa Coca De Litro que fría era un placer de los dioses.
Siendo niños, en casa, solíamos tomar Coca sólo los fines de semana, prohibición clásica y cliché de la clase media ochentosa argentina. A medida que fuimos creciendo, nos hicimos adictos. Con un sandwich, con alfajores, con medialunas, sola, en el cine, en la cama, con chizitos, después del fulbito, en Pumper, en la costanera, con Ron, con hielo, sin hielo, sin gas, con Fernet.
Y cuando sos papá te decís a vos mismo: "Mis hijos no van a tomar Coca". Hacés todo lo posible para que así sea, pero misteriosamente, una voz oculta logra, silenciosamente, hacerles llegar la palabra mágica...
Sentados a la mesa, ravioles de por medio.
- ¿Juani, querés agua o jugo?
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jueves, 5 de marzo de 2009
Mi mamá no me mima
De a poco van cambiando nuestras mañana. Esta semana Juana empezó el Jardín. Aún está en su etapa de adaptación, por lo cual va solamente de 10.30 a 11.30. Ya la semana que viene va 2 horas y a partir del 15, más de 3.
Ya Juani empieza a tener su rutina. Se acuesta temprano y, por ende, se levanta temprano también. Lejos quedaron los llantos y los gritos. Hoy te llama muy tranquila desde su cama.
La fui a buscar, la traje a nuestra cama. Yo me levanté y me fui a pegar mi tradicional ducha matutina.
- Papiiiii, ¿ya terminaste de bañarte?
- Me falta poquito, ¿por?
- ¿Me llevás al Jardín?
- Mamá te lleva en un rato.
- ¡Pero Mamá está durmiendo!
Lo dije antes, lo digo ahora: se te acabó la joda, Flor. Seguir leyendo!
Ya Juani empieza a tener su rutina. Se acuesta temprano y, por ende, se levanta temprano también. Lejos quedaron los llantos y los gritos. Hoy te llama muy tranquila desde su cama.
La fui a buscar, la traje a nuestra cama. Yo me levanté y me fui a pegar mi tradicional ducha matutina.
- Papiiiii, ¿ya terminaste de bañarte?
- Me falta poquito, ¿por?
- ¿Me llevás al Jardín?
- Mamá te lleva en un rato.
- ¡Pero Mamá está durmiendo!
Lo dije antes, lo digo ahora: se te acabó la joda, Flor. Seguir leyendo!
La historia de mi vida
Buenos Aires, 1993
- Me voy a comer con amigos, no sé a que hora vuelvo...
- ¿Cón quién vas? ¿Cómo que no sabés a que hora volvés?
- Mamá, no me rompas.
Buenos Aires, 2002
- Me voy a comer con amigos, no sé a que hora vuelvo...
- ¿Cón quién vas? ¿Cómo que no sabés a que hora volvés?
- Mi amor, quedate tranquila, vuelvo temprano.
Buenos Aires, 2009
- ¿Adónde vas Papi?
- A comer con amigos.
- ¿Y por qué no venís a comer con nosotras?
- Porque ya arreglé con mis amigos
- ¡Pero quiero invitarte a casa a dormir con nosotras! Seguir leyendo!
- Me voy a comer con amigos, no sé a que hora vuelvo...
- ¿Cón quién vas? ¿Cómo que no sabés a que hora volvés?
- Mamá, no me rompas.
Buenos Aires, 2002
- Me voy a comer con amigos, no sé a que hora vuelvo...
- ¿Cón quién vas? ¿Cómo que no sabés a que hora volvés?
- Mi amor, quedate tranquila, vuelvo temprano.
Buenos Aires, 2009
- ¿Adónde vas Papi?
- A comer con amigos.
- ¿Y por qué no venís a comer con nosotras?
- Porque ya arreglé con mis amigos
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