
Dormir, dormir, dormir, un tema recurrente en este blog. Si no es porque Flor no duerme gracias a Carola, soy yo el que si duerme porque Dios me dotó con un sueño pesado. Pero la que tiene un tema con el sueño es Juana.
Paradojas de la vida, uno cuando es chico no quiere dormir, pero cuando es grande, uno no puede dormir. Y a cuando sos aún más grande, recurrís a pastillitas milagrosas para poder hacerlo.
Ya quedó claro que el primer cambio que experimentás cuando sos padre es que dejás de dormir. Ya lo hablamos en este blog, pero vale la pena recordarlo. Al principio porque el recién nacido no duerme y vos ídem. Luego duerme pero se despierta, vos ídem otra vez. Entonces crecen y duermen, pero a la mitad de la noche se despiertan y te llaman (cuando la cama tiene barrotes) o directamente te invaden el lecho conyugal (porque le sacaste los barrotes pensando que tu hijo creció). La invasión genera lo que alguien alguna vez definió como la “H familiar”, esto es, los padres en los extremos y los hijos de manera horizontal, alternando el sueño de sus papis en beneficio del propio.
De paso, ¿alguna vez les contamos que en casa tenemos dos Carolas? La primera (que no es lo mismo que la N°1) es una muñeca de Juana, marca Corelle, de ahí que la bautizásemos Carola, porque hay que ponerle nombre a TODOS los juguetes de tus hijos. Las vueltas de la vida hicieron que le pusiésemos el mismo nombre a nuestra segunda hija (¿tendremos un varón alguna vez?)
Clásica frase de Flor alrededor de las 9 de la noche:
- Juana, ya es hora de dormir…
- Mami, escuchá lo que te dice mi muñeca Carola
- ¿Qué dice?
- Dice “no me quiero ir a dormir”
(Querida, no me importa si la muñeca quiere dormirse o no, el punto es que VOS te duermas) Seguir leyendo!


