jueves, 3 de marzo de 2011

Treinta Piezas, Veinte Minutos, Dos Gambas.


Sushi, esa gran devoción de muchos. Debo confesar, que al igual que el vino tino, el jamón crudo, las aceitunas y los alcauciles, al sushi sólo lo conocí de grande (+29). Hasta ahora lo único que sigue en la gatera son los palmitos: simplemente, no me gustan.

En algún momento llegamos a comer Sushi semanalmente. Hoy gracias a la inflación reinante, más la invasión de ciertas personitas en la familia, apenas si lo comemos de manera mensual y cortesía de Abuela Isa o Abuelo Juan Carlos. Ya vendrán tiempos mejores.

Con el tiempo, hemos aprendido un par de truquitos para maximizar la ingesta, a saber
1) hacer una entradita caliente low cost, tipo empanadas chinas o una picadita con vino blanco
2) comprar la pieza de salmón en el Barrio Chino y hacer sashimi home made.
3) Llenar de patitas de pollo a los chicos previamente, evitando así la pérdida innecesaria de piezas a manos de ellos
4) Maximizar promociones del tipo Fibertel + Club La Nación + Citi + Discoplus. (No obstante, siempre son 2 gambas por pareja por 20 minutos de morfi).
5) Apelar al sushi casero. La foto que ilustra esta historia da cuenta de esto.

Ayer, Isa vino a comer a casa. "Pidan lo que quieran" fue el disparador de Sushi Night en la mente mía y de Flor. Generosamente (?) y para suavizar el presupuesto, decidimos apelar a la opción 1 del manual de trucos, por lo que fuimos a Disco con nuestras hijas

- Mami, ¿que és eso que compraste?
- Son empanaditas chinas, Juani
- ¡Pero si nosotros no somos chinos!

(La miré y con mucho amor le dije "Gracias por darme letra para el blog")
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