Madre, es hora de que me reivindiques. Lo que habrás puteado al verme dormir fines de semanas enteros, desperdiciando días hermosos, cosido a la cama, sin querer hacer otra cosa que dormir. Doce, catorce, por qué no dieciséis horas seguidas. ¿Quién no lo hizo alguna vez?
No quiero ser recurrente con el tema del despertarse temprano, pero es la verdad, los tiempos cambiaron, vinieron los niños y revolucionaron los paradigmas. Hoy, 9.30 AM, suena el "despertador".
- ¡Mamá! ¡Mamaaá! ¡Mamaaaaaaaá!
Obviamente, mi mujer, impune por la panza con la que carga, no mueve ni media pestaña. Soy yo, quién debe levantarse, ir al cuarto a buscar a la mocosa, la que en vez de valorar mi actitud, me mira con cara de asquerosita y me dice.
- Quiero ir con mi mamá. (Gracias, y a mí que me parta un rayo).
Nobleza obliga, una vez en la cama reconoce mi existencia y el amor se balancea, deja de ser un 99/1 para ser un 70/30. Algo es algo, pienso para mis adentros, pensamiento que se potencia al escuchar el "Mami, me traés una mema", al menos no me tengo que comer el garrón de bajar las escaleras.
- Pedile a Papi (total Papi es Negro y por ende nuestro esclavo, no alcanza con que labura toda la semana sino que además el domingo, el día que Dios hizo para que descansemos, lo tenemos que usar de nuestro mayordomo.)
- Papi, me traés una Mema
- Si Juani, en 2 minutos (es una manera de decir, por qué no te dormís un rato más y me dejás volver a tener 17 y dejarme dormir, no hasta las 17, pero al menos 17 minutos).
Les juro que no pasan 4 segundos, que mi hija me mira, bah, me clava la mirada, la peor que tiene, y creánme que a esta altura ya tiene miradas...
- No Papi, AHORA.
martes, 5 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario