martes, 24 de marzo de 2009

¡Help!

El otro día hacíamos cuentas con Martín y Pablo y llegamos a la conclusión que Juana lleva usados unos 3600 pañales en su 900 días de vida, a un promedio de 4 diario (Gracias abuela por tanta generosidad).

¿Ustedes creen que yo no cambié al menos 50 de esos pañales? Yo estoy absolutamente seguro que si, mi mujer me lo niega rotundamente. Podríamos estar años y años discutiendo la cuadratura del círculo o cuántos pares son tres botas pero no es ese nuestro objetivo.

Habrán visto que nuestra hija ya es una muchachita hecha y derecha, capaz de realizar transacciones comerciales y asistir en la cocina. También sabe perfectamente cuando ir al baño, aunque con la caca tenemos un pequeño inconveniente: no quiere hacer en el inodoro. El procedimiento es el mismo que si fuese, aunque la frase que pronuncia es "Mami, ¿me ponés un pañal que quiero hacer caca?".

Pobre mi Juani, lleva algunos días enfermita, lo que la hizo tener caca un poco más floja que de costumbre. Flor la estaba cambiando cuando se dió una situación bastante particular.

- ¡Negroooo, vení, ayudame con la caca!

Hacia allí me dirigí, resoplando y refunfuñando, que cosa más fea la caca, por más que sea de Juana que me importa, la caca es caca y caca siempre será.

Allí estaba yo, atónito. La cola embadurnada, Juana con las rodillas en la oreja, Flor luchando contra el desborde.

- ¡Negro, ayudame! - otra vez la súplica. Se ve que mi actitud no era la más colaborativa. La cara de Flor lo decía todo, su temperatura subía, el enojo no disminuía. Mi hija, ya molesta e incómoda por la situación, eligió interceder a favor de su madre (otra más, y van...)

- ¡Papá, ayudálaaaa!

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