Quiero, Quiero, Quiero. No podría decir que entramos en esa etapa, pero no debemos estar muy lejos tampoco.
Cuenta la leyenda que el padre de Juana, era uno de esos nenes quierotodoculoveoculoquiero, además de preguntón, quilombero, hiperquinético y jeringa. Por el momento, mi hija es más parecida a su madre: tranquila, dulce, sensible.
En la plaza, Juana disfruta como nunca. Aprovecho para reforzar el concepto de que la plaza es como Disneylandia pero cerca de casa, en pesos, sin olor a comida chatarra y para ir no necesitás visa.
En una de nuestras excursiones, se acerca nuestra hija y nos hace un clásico pedido de "Quiero...". La miré a Flor y me volví sobre Juana. Un par de instrucciones precisas y hacia allí fue, presurosa y segura.
Se acercó a una distancia prudencial, lo suficientemente cerca para poder ser escuchada. Juntó fuerzas, sabía que tenía un desafío por delante y estaba decidida a enfrentarlo, pero a su vez el terror la invadía. Al fin y al cabo, su interlocutor era un total desconocido y eso era quizás, el mayor obstáculo. Sin embargo, valía la pena el esfuerzo, la recompensa era demasiado buena como para no hacer al menos un intento.
Lo miró a los ojos, trató de recordar exactamente las palabras que le había dicho su padre. Levantó el tono de voz y dijo firmemente:
- Quiero un Torpedo de frutilla.
jueves, 19 de marzo de 2009
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