jueves, 11 de junio de 2009

¿Y a mí que me parta un rayo?


¿Habrá ya comenzado la famosa comenzón del séptimo año? Por el momento, parece que no. La pregunta viene a cuento de que el pasado 20 de mayo, cumplimos 7 años desde que nos casamos. Como pasa el tiempo. Les juro que me acuerdo todo aquél día, el civil, el almuerzo, todos los que estaban, muchos de ellos lectores de éstas historias. Gracias por haber estado en aquél momento, gracias por seguir estando ahora.

Nos hemos regalado de todo con Flor a lo largo de nuestros aniversarios. Desde camperas y relojes, pasando por anillos, zapatillas o simplemente una cena romántica. Todos y cada uno de ellos, especiales por algún motivo.

Veníamos de regalarnos un anillo y un reloj, el año pasado había sido oneroso. Este año, decidimos bajar un cambio y fui a lo clásico: un ramo de flores, gerberas para ser más precisos (aquéllos no familiarizados con la floricultura, se dice "yerbera", como si fuese la flor de la yerba).

Fueron 6 flores, tallo largo, color rosa, al igual que el envoltorio. Las cargué en mi querido Fiat Uno y enfilé para casa. Sabía que ella no se esperaba nada, no sé bien porqué, pero lo sabía.

A diferencia de todos los días en los cuáles toco bocina al llegar (y Juana sale disparada a mi encuentro), esta vez toqué el timbre. Clásica pose con las manos atrás sujetando el racimo, el cual hizo su entrada triunfal apenas Flor se asomó.

Se puso contenta, no se lo esperaba, se los dije.

- ¿Y esas flores? ¿Son para mí? ¡Que lindas! ¡Juaniiii, vení a ver las flores que me trajo Papi!

- Mami, que lindas flores.

Acto seguido, giró sobre su propio eje y me miró. Su mirada no decía nada en especial, pero algo tenía. Y toda la historia que les conté, el casorio, los 7 años, los regalos, las flores, el amor, quedan reducidos a...

- ¿Y mis flores dónde están?

(Pocas veces me sentí tan mal)

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