Un hijo te cambia la vida, chocolate por la noticia, pero que querés si es verdad. Y no es que "te cambia la vida", sino que literalmente te la cambia. Nunca (pero nunca) volvés a dormir como antes, todo el tiempo estás pendiente de lo que está haciendo, dejás de salir, sos esclavo de ellos, cambiás tus rutinas. Ojo que sarna con gusto, no pica.Antes de que llegue Juana el horario de la cena era de las 10 en adelante. El horario final dependía de la complejidad del plato a comer, de si uno tenía terapia, de si él otro salía a correr, etc.
Hoy, el factor es uno solo: Juana se duerme temprano. Entonces, ocho y media a más tardar estamos comiendo. La reina en la cabecera, los lacayos a sus costados, pendientes de si come o no, qué come, cuánto, cómo.
El otro día no quería saber nada con comer el pollo con verduras. Y si lo hacía, era con la mano y bastante chancho, muy desganada.
- ¿Por qué comés con la mano?
- Porque soy una nena chiquita...
- Ah bueno, ok, pero los nenes chiquitos no ven dibus, ¿sabés?
(Tenedor. Mano. Boca. Glup, Glup, Glup. Un poco más y se come el plato también)
- Yo SI puedo ver dibus.

1 comentario:
Parece que salió a vos negro! Los tiene atrapados jajaja, excelente la salida que tuvo.
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