Tenemos un ciruelo en casa, de ésos que dan ciruelas rojas ("arbolitos del árbol" diría Juana). Hacia principios de diciembre, la fruta empieza a madurar y todos los días caen al suelo un montón de ciruelas. Al golpear el mismo, se explotan y manchan todo...
Sucede que a Juana la picaron unos mosquitos la otra noche. Como cualquier chico de su edad, se estuvo rascando las picaduras, hasta que una de ellas le sangró. Viendo la sangre en su pierna, la miró a Flor y le dijo:
- Mirá mami, ¡ciruelas!
viernes, 19 de diciembre de 2008
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