sábado, 15 de agosto de 2009

Redireccionando


Y el día llegó. Se terminó el reinado, llegó la hora de compartir la corona. Carola está entre nosotros.

Saltos, gritos, festejos. Esa fueron las primeras reacciones de Juana cuando le dije que su hermanita había salido de la panza de mamá y ya estaba entre nosotros. Nos subimos al auto y nos fuimos a verla.

Llegamos al sanatorio, subimos al cuarto y ahí estaba: su hermana. Feliz, se acercó y con voz dulce le dijo "Acá estoy Carola". En ese momento nos dimos cuenta que traerle una hermana fue una de las mejores decisiones que tomamos. Volvimos esa noche a casa, estuvimos juntos todo el tiempo. Al otro día regresamos al sanatorio, esta vez para traernos de vuelta a las chicas.

El miércoles era un día bisagra. Había que volver al colegio. Tardamos en levantarnos, que querés, habíamos pasados dos noches de poco sueño y mucho llanto. Llegó el momento de ir al cole... Llantos desgarradores, "No quiero ir, me quiero quedar con mamá y carolaaa... buahhh, buahhh" No exagero si digo que pasaron 20 minutos hasta que decidí tomar el toro por las astas y subirla medio de prepo al auto.

Ir al colegio es bastante sencillo. Son 13 cuadras en las cuáles sólo hay que doblar 3 veces. El juego que tengo con mi hija es el de preguntarle "Juani, para que lado hay que doblar?", "Para allá" o "Ahí" es siempre la respuesta. Sólo una vez me dijo "para la derecha" sin tener la más remota idea de lo que decía.

Pero esta vez lo tenía bien claro. Al llegar al semáforo de Yrigoyen y Maipú, le pregunté para dónde tenía que doblar. Ella, aún entre sollozos me dijo "Para allá, Papi", señalándome la izquierda, en este caso la dirección equivocada.

- Juani, es para el otro lado.
- No Papi, es para allá.
- Pero porque decís que es para ese lado?, le pregunté
- Porque me quiero volver a casa! buaaaahhhhhh!buaaaahhhhhh!

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