sábado, 18 de abril de 2009

Quisiera que esto dure para siempre

A veces querés no crezcan nunca más. Pero también te das cuenta que a medida que crecen, mejor se pone la cosa. Hasta que te traen un novio y ahí se debe pudrir todo, te preguntás porqué carajo no se quedó chiquita como era.

Les hice alguna introducción de nuestras vacaciones en Brasil. Les conté que fuimos a Río y estuvimos en un hotel. Lo que aún no saben es que en la Posada de Buzios pasaban cosas mágicas.

La entrada era un camino sinuoso, no tan largo como dijeron Los Beatles, pero con tener dos curvas alcanza para ser sinuoso. Al llegar al final, estaba el portón, aquél portón que debía ser abierto con... las palabras mágicas.

Tal como Alí Babá y sus cuarenta ladrones, todos los días al salir y al regresar, Juana, la heroína de esta historía, las pronunciaba.

- Abracadabra, que se abra el portón!

Y el portón se abría.

- Abracadabra, que se cierre el portón!

Y el portón se cerraba.

(Que quilombo se armó el día que nos olvidamos el control remoto en el cuarto.)

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